La Guarida del Zorro Filoso

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sábado, 31 de enero de 2009

La Audioteca del Zorro Filoso (UNIROYAL - Nueva York - Lloyd Webber - Cats - Memory)

La petición de mi entrañable amiga-forista Sirenna, de quien siempre he recibido amables y constantes muestras de afecto, me ha hecho recordar varios momentos importantes sobre la música de Andrew Lloyd Webber en la audioteca del Zorro Filoso.

Son cuatro los álbumes LP que se incluyen en la audioteca: Jesus Christ Superstar (1970), Cats (1981), Requiem (1985) y Phantom Of The Opera (1986). Todos tienen su historia particular y sus detalles los compartiré en posteos posteriores.

A partir de octubre de 1984 ya trabajaba en UNIROYAL en el DF, empresa americana dedicada a la fabricación de llantas. Y también en esos años ya estábamos en noviazgo inicial mi esposa y yo. El cambio en el aspecto profesional fue beneficioso, ya que desarrollé un sistema computarizado de compensaciones, utilizando una ‘modernísima’ IBM-AT (con procesador Intel 80286, memoria RAM de casi 1 MB, disco duro de 10 MB y pantalla EGA de 16 colores) y un software dBASE III+ de Ashton-Tate.



Como verán, estoy hablando de verdadera prehistoria proto-internet.

El caso es que, al ingresar a UNIROYAL, su administración de compensaciones era muy básica. Sobre todo el manejo de las cifras de la encuesta salarial era totalmente manual y me tomaba varias semanas, con una sumadora y lápiz en mano, lograr las cifras definitivas. Ni se diga si había cambios en la estrategia salarial, había que rehacer los cálculos para obtener los números finales de nuevo.

Para 1987, utilizando las ‘novedosas’ herramientas computacionales, lo que antes me tomaba varias semanas ahora lo realizaba en tres días. Había logrado convencer que a mi AT le compraran e instalaran una ‘tarjeta emuladora’ para poder conectarme al sistema 3 de la empresa. De ahí ‘sacaba’ los datos de nómina en un parpadeo de ojos, luego, mediante ‘macros’ de VisiCalc, los datos se estructuraban y calculaban en hojas de cálculo, para finalmente mediante un plotter graficaba toda la estructura salarial de la empresa.



El éxito fue tal que para marzo de 1988, ya casado y esperando a nuestra primera hija, fui invitado a mostrar la Salaries & Compensation Strategies for 1988 en las oficinas corporativas en Akron, Ohio. Aprovechando la situación fuimos los tres (esposa, yo y la bebé) al viaje y nos hospedamos en el Quaker Oats Crown Plaza, en donde modificaron los silos de avena para poner los cuartos, y la fábrica de empaque la convirtieron en zona comercial y un restaurante.



En aquel año el hotel era muy bueno, pero parece ser que pasó a ser administrado por la Universidad de Akron y se convirtió en un dormitorio para estudiantes. Lástima.

Ya de regreso, y de acuerdo a nuestros planes, nos fuimos por tres días de turistas a Nueva York. Deambulamos por Manhattan centro y sur, ya sea a pie o en tour, visitando los lugares comunes para los turistas: Estatua de La Libertad, Soho, Greenwich Village, su Chinatown, Quinta Avenida y, por supuesto, Broadway. Nos hospedamos en el Hotel Wellington, en pleno Midtown, sobre la 7ma. Av. entre las calles 55 y 56. Muy buen hotel, con una inmejorable ubicación para visitar a pie los alrededores.



Apenas llegando al hotel nos fuimos a Broadway para ver si conseguíamos unos boletos para el teatro. De acuerdo con las recomendaciones del hotel, estaban para escoger The Phantom Of The Opera en el Majestic, Les Misérables en el Broadway, y Cats en el Winter Garden. Fuimos caminando a los teatros.

Imposible conseguir boletos para The Phanton…, apenas estrenada en enero, para ese marzo del ’88, los boletos estaban agotados por los siguientes ocho a doce meses. Fuimos al Broadway y Les Misérables, estrenada hacía un año y con boletos disponibles, no nos llamó la atención. En cambio, el Winter Garden tenía disponibles dos lugares, cancelados hacía un par horas, para ver Cats de Andrew Lloyd Webber.

No lo pensamos dos veces y compramos los ansiados boletos para la función de esa misma tarde-noche. Regresamos al hotel para arreglarnos lo mejor posible y tomar un tente-en-pie. Al dirigirnos al teatro le comentamos al botones de la entrada de nuestra salida, cosa que nos habían recomendado hacer nuestra agencia de viajes, y a su vez nos recomendó que al salir tomáramos un taxi de regreso.

Nos fuimos caminando de nuevo las seis cuadras que nos separaban del teatro y llegamos muy a tiempo. La función inició.

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Tiene razón Sirenna al sentirse atraída por la música de esta obra. Todas las piezas son de excelente manufactura, unas más otras menos. La trama establece que una banda de gatos (Jellicle) se reúnen para que un viejo y sabio gato (Old Deuteronomy) decida cual de ellos será llevado al cielo y renacer en una nueva vida.

Los gatos van pasando uno a uno y establecen el tipo de vida que han llevado. Los nombres y personalidades de algunos de ellos se van estableciendo: Asparagus, Bombalurina, Bustopher Jones, Remeter, Grizabella, Jennyanydots, Macavity, Mistoffelees, Mungojerrie, Munkustrap, Old Deuteronomy, Rumpleteazer, Rum Tum Tugger, Skimbleshanks.

Grizabella va apareciendo unas pocas veces, siendo rechazada por el grueso de la tribu gatuna. En algún momento de distracción, aprovechado por el malvado gato Macavity, Old Deuteronomy desaparece y los gatos se intranquilizan. ¿Quién, entonces, decidirá quién se va al cielo?

Es entonces que Mistoffelees, con su magia, hace regresar al viejo gato y este, aprovechando la aparición de Grizabella, le permite cantar su muy famosa melodía Memory.

Con mucho esta canción opacó a las demás de la obra. Su fuerte influencia de un aria italiana, muy al estilo de Puccini, arrebata las emociones al narrar, de manera nostálgica, el pasado glorioso de Grizabella y su deseo personal de iniciar una nueva vida.

Como toda pieza de arte, Memory (y no ‘Memories’, como a veces se le llama) tiene su propia divertida historia. Andrew Lloyd cuenta que, “temiendo que la canción sonara muy similar al trabajo de Puccini, preguntó a su propio padre, un renombrado músico inglés, por su opinión. De acuerdo con Andrew, su padre respondió: ¡Suena como a un millón de dólares!”.

Al final Grizabella obtiene su deseo, sube junto con Old Deuteronomy al cielo ante el azoro de los demás gatos y al final el gato sabio se dirige al público con bellas notas y palabras sobre el trato hacia los gatos por los humanos.

Comparto con ustedes los tres momentos importantes de la obra, según la opinión del Zorro Filoso, no porque no los haya sino porque tardarían mucho en ‘bajarse’ de la audioteca.



Overtura – Introducción:




Macavity: The Mystery Cat




Memory



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Y así, al final de la bella velada, salimos al exterior del teatro. Buscando algún taxi libre inexistente, nos dimos cuenta que numerosas personas caminaban hacia la misma dirección de nuestro hotel. Y buscando la protección del grupo, nos unimos al pelotón más cercano y caminamos varias cuadras hasta llegar al hotel, sanos y salvos. Al día siguiente, en una tienda de discos de la Quinta Av., pude comprar el álbum LP.

Después de los tres días de vacaciones, regresamos al DF en un eterno y cansadísimo vuelo de Continental Airlines desde Newark. Llegamos agotados al departamento, pero muy contentos del viaje.

Dos meses exactos después nació nuestra hija, colmando de dicha a nuestra pequeña familia.

domingo, 25 de enero de 2009

La Audioteca del Zorro Filoso (Neil Armstrong y Zorro Filoso - Vladimir Ashkenazy - Beethoven - Sonata No. 16)

Muchos eventos interesantes sucedieron cuando trabajé en EATON. Desde la crisis económica del ’82 y la expropiación de la Banca, hasta la planta de extrusión y la visita de Neil Armstrong a la planta de Toluca.

En aquellos años de inicios de los 80s, una vez pasados los primeros años de la crisis, EATON inició un camino agresivo de posicionamiento en la industria. Fue el periodo de los holdings de varias empresas. Fue la época en que Eaton Manufacturera se dividió en varios empresas subsidiarias: Eaton Ejes, Eaton Comercializadora, Eaton Servicios de Informática, Eaton Servicios Corporativos, y la pretendida joya de la corona, Eaton Componentes para Motores.

Los inicios de esta planta fueron en 1983, cuando se compraron unos terrenos en el pueblo de Atlacomulco, Estado de México. Poco tiempo después llegaron a nosotros la noticia que el mismo CEO de EATON Corp.vendría para la ceremonia de la primera piedra.

En la planta de Toluca se hicieron algunos trabajos de pintura a la fachada, limpieza a fondo de las calles interiores, etc. En pocos días las instalaciones tenían una mejor presentación. Y el gran día llegó.

Llegó con un rumor que me extrañó pero al mismo tiempo me entusiasmó. Se decía que dentro de la comitiva del CEO venía Neil Armstrong, el primer hombre en la luna. Cuando menos yo sentí que la oportunidad podría sonreírme y conocer a Armstrong. Cuando el Apolo 11 alunizó en 1969, yo me encontraba de visita en un rancho ganadero cerca de Nogales, Sonora. Era propiedad de un primo de mi padre y nos habían invitado a pasar ahí unas maravillosas vacaciones.

Esa noche, oíamos por el radio de transistores como Jacobo Zabludosky y Pedro Ferriz Santacruz, narraban los acontecimientos previos al descenso del módulo lunar. Estábamos fuera de la casa del rancho, a la luz de una fogata, oyendo las noticias y mirando hacia la luna. Fue el clímax de la carrera espacial de EEUU y la hoy desaparecida URSS. Y EEUU la había ganado a pulso.

Y ahí estaba yo, casi 15 años después, esperando la oportunidad de conocer al hombre que culminó la hazaña. Todos andaban con prisas, los gerentes dando las últimas instrucciones de orden y limpieza (aún no estaban de moda las 5 S’s), los guardias de seguridad ultimando los detalles de sus uniformes, los carros fueron retirados de las calles de acceso a la planta.

En algún momento llegó la noticio que ya había salido la caravana del aeropuerto del DF, con rumbo a Atlacomulco. ¡Rayos!, parecía que los planes no incluían la visita a Toluca. El único suertudo de mi área era mi jefe, que como Director de RH estaba invitado a la ceremonia de la primera piedra. Mis esperanzas se desvanecían.

A eso de las 2 de la tarde, llegó mi jefe y me dijo que se había retirado al final de la ceremonia y que no sabía si iban a llegar a Toluca. ¡Rayos, otra vez! En definitiva no llegarían a Toluca.

A media tarde, estando yo en mi cubículo trabajando en unos manuales de capacitación, se presentó en el área el Director de Mercadotecnia, muy ufano y platicador. Comentaba como había sido la ceremonia y mostraba unas fotos Polaroid donde estaban él y Armstrong en un pequeño grupo de personas, todos con una pala en la mano. Alguien de la oficina le preguntó si ya todos se habían ido. Respondió que no, que Armstrong estaba en la Recepción.

¡Caray, y yo perdiendo el tiempo viendo esa fotografía!

Salí de la oficina rumbo a la Recepción y sí, ahí estaba él. Estaba rodeado por unas tres secretarias del área financiera, hablando algunas cosas en un poco de inglés. Todos reían cómodos, inclusive Armstrong. Nadie salvo él, las tres secretarias y yo estábamos en la Recepción. Recordé que algo nos habían pedido, en los días previos a su visita, de que no le pidiéramos autógrafos. Qué él acostumbraba no darlos.

Pero sacando por enfrente mi rebeldía juvenil, de mis recuerdos de tantos años de aeromodelista, de mis estudios de ingeniería aeronáutica en la ESIME, no dudé ni dos segundos. Eché manos a mi cuadernillo de bolsillo, que usaba a guisa de agenda, y mi pluma, me acerqué más a él y en inglés le dije algo así como: “Hi, Mr. Armstrong. I am too an Aeronautical Engineer and a great admirer of your journey”.

Armstrong es más alto que yo, fácilmente llegaba a los 1.9m y aunque tenía 53 años de edad, mi misma edad en este año, conservaba el mismo gesto facial y sonrisa que le había visto en muchas fotos.

No sé si mi comentario lo tomó por sorpresa, cosa que dudo en base a su experiencia en la NASA y haber sido miembro del Board of Directors de Eaton Corp., pero me aceptó mi libretita y mi pluma. Y estampó su firma en sus hojillas. Feliz le estreché su mano y se lo agradecí con un sonoro “Thank you!”.

Las muchachas quedaron boquiabiertas, ellas sabían de la prohibición. Una de ellas reaccionó y también sacó una hojita. Armstrong también la firmó alegremente. Pero en menos de que nos diéramos cuenta aparecieron en la Recepción la comitiva del CEO de EATON, quién al ver a Armstrong tan solo le dijo en viva voz: “Neil, let’s go!”

Armstrong tan solo nos saludó con la mano, despidiéndose, y se retiró con el grupo. Nos quedamos solos las tres muchachas y yo. Nos regresamos a nuestros lugares de trabajo. Al poco tiempo llegó mi jefe y me preguntó que si era cierto que tenía un autógrafo de Armstrong. Le dije que sí y se lo mostré. La verdad, pensé que me regañaría por mi desobediencia. Pero no, vio la firma, y me regresó la libreta diciendo: “¡Pinche Carlitos, por eso me caes bien!

La otra muchacha y yo fuimos la novedad de la planta por unos días, hasta que la anécdota se desvaneció por si sola.

Años después ya no estaba en EATON, sino en UNIROYAL, la empresa llantera a la que me cambié a finales de 1984. En un descuido mío, había tomado la hojita del autógrafo y puesto en un libro que llevaría a unos cursos que di en Querétaro, cuando UNIROYAL tenía una planta en esa ciudad. En el trajín por terminar el curso a tiempo y regresar el mismo día al DF, olvidé el libro y el autógrafo en el hotel de Juriquilla. No me di cuenta de la tragedia hasta cuando llegué al DF y bajé el material didáctico de mi Caribe. Me faltaba el libro y el autógrafo.

No diré que lloré la pérdida, pero sí me pudo mucho. Hoy me entero que un autógrafo de Armstrong se cotiza en eBay hasta en mil dólares. Yo no lo habría vendido, claro, pero hubiera sido un tesoro apreciadísimo y protegido, como lo haría Smeagol con el anillo de Saurón.

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El año pasado platicaba con ustedes en la Audioteca del Zorro Filoso, acerca de los pianistas que tengo en mi colección. Y mencionaba, entre ellos, a un pianista excelente, al que nuestro amigo forista Jgutierrezc pudo disfrutar en un concierto en Moscú.

El pianista es Vladimir Ashkenazy y su disco lo compré en algún momento de 1983 a 1985, que fue cuando más asistía a los conciertos de la OFUNAM en la Sala Nezahualcóyotl. Casi siempre, a mitad del programa, se incluye una pieza para orquesta y algún instrumento solista, y recuerdo mucho una ocasión en que un pianista, de cuyo nombre no me acuerdo, interpretó una Sonata para Piano de Beethoven de manera magistral. Tanto que los mismos músicos de la orquesta no cesaban de aplaudir también.

Me llamó la atención ese hecho y busqué después alguna Sonata para Piano en mi discoteca cercana. Encontré este disco, sin sospechar la magnífica interpretación de Ashkenazy. Pueden ver aquí su perfil - http://es.wikipedia.org/wiki/Vladímir_Áshkenazi

Sobre la Sonata para Piano No. 16, es difícil decidirse por alguno de sus tres movimientos. Los tres son muy bellos, pero el tercero (un rondó – allegreto) es mi preferido. A un solo tema musical Beethoven le da variaciones, adornados y notas sincopado, que no aburren y mantienen un ritmo alegre y jocoso. Además, el final del movimiento es una especie de broma, cuando parece que todo acaba tranquilamente los pocos segundos finales arremete en un final explosivo y célebre.

Que disfruten esta semana de esta bella composición.



lunes, 19 de enero de 2009

La Audioteca del Zorro Filoso (Escuela "Benito Juárez" - Horowitz - Chopin - Sonata para Piano No. 2)

ESCUELA PRIMARIA URBANA FEDERAL “BENITO JUAREZ”


En 1961 ingresé a la educación primaria. Esta fue mi escuela, la Escuela Primaria Urbana Federal “Benito Juárez”. El edificio fue construido en 1926, durante el gobierno del Gral. Abelardo L. Rodríguez, antes de que fuera presidente de México, a un costo de $222,502.11 según asienta el propio General en la Memoria Administrativa del Gobierno del Distrito Norte de la Baja California 1924-1927 (SEP-UABC, 1993, ISBN 968-6260-99-4). En su época fue un magnífico edificio, construido con material pétreo y concreto. En aquellos años las construcciones generalmente eran de madera, recubiertos de estuco.

En el texto de la citada Memoria se menciona que “en los establecimientos docentes de los principales países del mundo ha sido objeto de especial cuidado y atención exclusiva por parte de las autoridades escolares, lo que se refiere a la higiene interior de los edificios, a las condiciones de salubridad, a la ventilación y a la amplitud; al grado de que en Alemania, muy especialmente, no se tolera por ningún concepto un número mayor de alumnos del que la dirección técnica de higiene ha dispuesto que se admita”.

Consecuentemente con estos principios, continúa la Memoria, he recomendado a la dirección general del ramo y previamente a los constructores de los nuevos edificios escolares, para cuidar que, aparte de esas condiciones, se reúna también la de la modernización de su mobiliario”. (Íbid, pp. 105-106).

Y vaya que se cumplieron con creces esos proyectos.

35 años después, de 1961 a 1966, del primero al sexto año, recorrí diversos sus salones, amplios y enormes, recibiendo las clases de la Profa. Ciria Cota, la Profa. Conchita, la Profa. Esperanza, el Prof. Hermenegildo, y tantos otros que no recuerdo sus nombres pero sí sus rostros y sus formas de ser.

La escuela se edificó entre los campos de algodón, terrenos que se expropiaron para construir el palacio de gobierno (hoy es la Rectoría de la UABC) y la escuela. La construcción constaba de un sótano donde se habilitaron algunos salones, un primer y segundo piso.


Rectoría de la Universidad Autónoma de Baja California (antes Palacio de Gobierno del Estado)

Se entraba por un gran portal de doble hoja, ascendiendo las primeras escaleras y llegando al recibidor del primer piso. Ahí se hallaban las dos puertas laterales que conducían al enorme auditorio, donde se daban las clases de música y canto. Ese auditorio escolar era el más grande de todo Mexicali, donde podíamos caber todo el alumnado. Ahí se encontraba un piano, que era tocado por el maestro de música y nosotros entonábamos el Himno Nacional, alguna canción de Cri-Cri o una tonada popular.

También en ese piso, hacia la izquierda, junto al auditorio, se hallaban las oficinas de la dirección.

Continuando por las escaleras de ascenso, se llegaba al segundo piso del plantel. Ahí se hallaban solamente salones de clases, generalmente los quintos y sextos años. Todos los salones, excepto los del sótano, contaban con enormes ventanales que permitían el paso de aire y luz a raudales.

El piso de esta escuela era de madera, y me acuerdo que nos turnaban cada semana para que cada grado escolar (a partir del tercer año) los limpiáramos y trapeáramos con diesel. ¡Que hermosos pisos! Nuestras pisadas sonaban por toda la escuela, ¡nos sentíamos grandes! Los maestros salían a los pasillos a callarnos… siempre obedecíamos. ¡Que tiempos!

Rodeando al edificio se encontraban los patios de juego, enormes, sin pasto, pero donde se podía jugar a las canicas, al trompo, al balero, al carrito (una especie de béisbol pero con pelota de tenis y jugando a mano limpia), al ‘burro castigado’ y a cuanta travesura se nos pudiera ocurrir.

Fue la tercera escuela que se construyó en Mexicali. La primera fue la “Leona Vicario” (donde terminó su primaria Ernesto Zedillo. No ha sido destruida, sino renovada y ampliada), la segunda fue la “Cuauhtémoc” (actualmente es la Casa de la Cultura del Municipio. Se le intentó también derribar, pero en esa ocasión el Municipio se movió y se la asignaron. La nueva “Cuauhtemoc” se construyó en otra parte de la ciudad).

Mi papá, yo y tres de mis hermanos estudiamos aquí, con la misma maestra de primer año. Se llamaba Ciria Cota (qepd), y a varias generaciones familiares les enseñó las primeras letras. Era una viejecita adorable. Siempre se acordaba de mi papá, nos decía que había sido su mejor alumno… ahora creo que lo mismo les decía a los hijos de los otros papás. Hoy una calle de Mexicali lleva su nombre.

Cincuenta años después, en 1975, mientras me encontraba estudiando en el IPN-ESIME, fue derribada para construir los feos edificios del CAPFCE, aduciendo que el viejo edificio era feo y peligroso. Ningún egresado de este edificio estuvo de acuerdo, hubo protestas, manifestaciones, pero finalmente el gobernador (un no-egresado, originario de Chiapas, Milton Castellanos Everardo) permitió que la Federación la derribara.

Pienso que el progreso no debe detenerse y que las viejas estructuras físicas y morales deben renovarse, pero no dejo de sentir cierta tristeza al no ver ya su altivo edificio, sus grandes patios y ventanales.

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Columbia Records Presents Vladimir Horowitz

En 1962 cursaba yo el segundo año de primaria, y en ese mismo año mi papá recibió del Columbia Records Club este disco de Vladimir Horowitz, interpretando música de Frédéric Chopin, Robert Schumann, Sergei Rachmaninoff y Franz Liszt.

Mi papá siempre atesoró este disco, diciendo que Horowitz era el mejor pianista de esos años. El joven Vladimir destacó desde sus primeros años en su natal Rusia y se relacionó con portentos musicales y artísticos como Aleksandr Glazunov, el mismo Rachmaninoff, y con el director de orquesta Arturo Toscanini, llegando a casarse con su hija Wanda Toscanini.

El disco ganó dos premios Grammy en 1963, uno por la Mejor Actuación Clásica - Solista Instrumental o Dúo (sin orquesta) y el otro por Álbum del Año - Música Clásica.

Las composiciones interpretadas por el maestro Horowitz son:

Sonata No. 2 en Si bemol menor (Chopin)
Étude-Tableau, Op. 33, No. 2 (Rachmaninoff)
Étude-Tableau, Op. 39, No. 5 (Rachmaninoff)
Arabesque, Op. 18 (Schumann)
Rapsodia Húngara No. 19 (Liszt, Transc. de Horowitz)

La pieza que más me llama la atención es la Sonata No. 2 en Si bemol menor, Op. 35 con su impresionante tercer movimiento Lento: Marche Fúnebre, tan conocida e interpretada mundialmente.

Es increíble que la calidad del disco aún se pueda apreciar en esta grabación digitalizada por el Zorro Filoso, los surcos de vinilo están casi intactos y no hubo casi necesidad de ajustar los controles de atenuación. Si se usan audífonos, aún se podrían escuchar los mecanismos de los pedales al accionarlos el artista.

Un saludo a todos.