La Guarida del Zorro Filoso: (Zorro y los Aviones Mexicanos II - AAMSA ‘Quail’ - IUSA - Edvard Grieg - Peer Gynt: Solvejg’s Song - Tomita)

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sábado, 11 de abril de 2009

(Zorro y los Aviones Mexicanos II - AAMSA ‘Quail’ - IUSA - Edvard Grieg - Peer Gynt: Solvejg’s Song - Tomita)

Algunos meses después de la visita a Uruapan, para ver al ‘Bárcenas B-01’, y entusiasmados por la experiencia, Sergio, mi amigo, y yo platicábamos con nuestros compañeros de clase sobre alguna otra visita.

Estábamos en séptimo semestre y casi éramos los decanos de la escuela. En aquél entonces los alumnos de los últimos semestres eran tomados como guías para los demás semestres. Muchos de ellos ya trabajaban en Aeroméxico o Mexicana, y los menos en la DGAC (Dirección de Aeronáutica Civil) o en alguna empresa pequeña de aerotaxis, por ejemplo.

El Zorro en compañía de sus amigos de la carrera de ingeniería en aeronáutica, junto a un Kingair E90 del Centro Internacional de Adiestramiento en Aviación Civil (CIAAC) en enero de 1978, a finales del 7mo. semestre. (En orden alfabético: Sergio Izquierdo, Roberto Fuentes, Abel Guadarrama, Ricardo Hernández, Rogelio Lara, Humberto Téllez, José A. Vidal y Zorro)


Estando en séptimo semestre, nuestros bonos o imagen académica eran altos, sobre todo por haber formado el Patronato de Estudiantes, que muchos beneficios materiales trajo a la escuela.

Con esos pequeños triunfos a cuestas, envalentonados y con la idea de que podríamos comernos al mundo, se nos ocurrió la gran idea de visitar la fábrica de aviones ‘Quail’, en el Parque Industrial de Pastejé, en el Estado de México.

Sergio, emparentado de alguna forma con cierta corriente del PRI en ese entonces, sugería ir a visitar al mismísimo Alejo Peralta, dueño de IUSA y ex-Director General de IPN, para lograr alguna deferencia en nuestra visita a esas industrias. Yo me encargué de conseguir una carta-presentación por parte del Ing. Ruiz Utrilla, Jefe de la Carrera, y Sergio se comprometió a obtener otra del Secretario General de Gobierno del Estado, su tío político.

Ambos obtuvimos los ansiados documentos y coordinamos una visita a don Alejo una semana antes de nuestra visita programada a IUSA. Nuestro plan era obtener algún apoyo monetario para nuestra graduación o que fuera nuestro padrino de generación.

Se formó una comisión que visitara al personaje en cuestión y fuimos nombrados Sergio, Humberto y yo. Así que, muy ufanos, creyendo que nuestra posición ante la comunidad estudiantil de la carrera era suficiente y poderosa, nos dirigimos a las oficinas de Aerocommander Mexicana, sobre el Blvd. Aeropuerto, donde estaban las oficinas de don Alejo Peralta. Era un martes por la mañana.

Nos fuimos en el carro de Sergio, un Chrysler Superbee del año, y entramos en el edificio. Nos recibió una amable recepcionista y logramos ver, a nuestra izquierda, una puerta con un letrero que decía “Director General”. Desde dentro alcanzábamos a escuchar alguna voces autoritarias. Le comunicamos a la señorita de nuestra misión y alegremente nos dijo esperáramos a que el “Sr. Peralta terminara su junta”.

En unos pocos minutos los voces desde la oficina cesaron y la recepcionista marcó un número del conmutador y comunicó que “tres muchachos de la ESIME, del Politécnico, deseaban visitarle y hablar con él”. Al colgar el teléfono nos dijo que nos atendería en unos segundos.

Pasados escasos minutos, la puerta se abrió, salió un hombre maduro con uniforme de capitán de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), y nos invitó amablemente a entrar a la oficina. Lo hicimos en silencio y ordenadamente.

Al entrar nos enteramos que don Alejo no estaba en la oficina, sino su hijo Ernesto Peralta Quintero, hombre de unos 35 años en ese entonces, sentado detrás de un majestuoso escritorio, adornado extravagantemente con algunas esculturas de beisbol y fotos de su padre con personajes famosos, políticos, deportistas o de la farándula.

Ernesto Peralta Quintero con su hijo, más o menos en la época de esta anécdota.


Sonriendo se dirigió a nosotros:

- ¿Del Politécnico, muchachos? ¡Qué bueno, no hay mejor escuela!

Sonreímos nerviosos, sin saber a bien como empezar. La small talk no debe durar mucho, so pena de enfriar la buena disposición del poderoso personaje. Así que Sergio, más alerta a esos vaivenes políticos, dijo:

- Sí, señor Peralta. Somos estudiantes de ingeniería aeronáutica de la ESIME.

- ¡Muy bien, magnífica carrera! Nosotros tenemos una fábrica de aviones agrícolas en Pastejé. ¿Verdad? – preguntó dirigiéndose al capitán de la FAM que había entrado también con nosotros.

- Sí, Ernesto. - respondió – A lo mejor por eso quieren algo los muchachos. Alguna visita, ¿tal vez?

- Sí, así es. Estamos en el séptimo semestre y quisiéramos visitar IUSA el sábado. – terminé explicando.

- ¿En qué sábado quisieran visitarnos? - preguntó don Ernesto, observando un pequeño calendario sobre su escritorio.

- Este sábado próximo. - contestó Humberto, con confianza.

Y fue entonces que, de la nada, aquél afable hombre se convirtió en un auténtico energúmeno. Levantándose furioso de su asiento, exclamaba sin cesar expresiones frenéticas, injuriosas, ofensivas:

- ¡Muchachos cabrones, hijos de la chingada! ¡Qué ocurrencias, sólo a ustedes se les ocurre, son unos putos, bola de desagradecidos!

Nos quedamos helados, sin saber a donde huir o escondernos, ante esa reacción tan desproporcionada. No sabíamos qué habíamos dicho para merecer esos insultos. El hombre recorría los cuatro rincones de su oficina, vociferando insultos aún más hirientes. Acertó a asomarse la recepcionista y fue recibida con una andanada de instrucciones sobre mantenerse en su puesto, que aquello no le importaba. Fue obedecido al instante.

A lo mejor pasaron unos segundos, que nos parecieron minutos eternos, cuando de pronto, entre toda esa sarta de injusticias, mencionó la causa real de su enojo.

- ¿No se dan cuenta, pendejos, que ni siquiera los podría atender con una paleta o un refresco? ¡Yo quisiera hasta llevarlos en un avión nuevo Aerocommander! ¡Pero no me dan esa oportunidad con esa puta idea de ir este sábado!

En un avión como este, un Turbo Aerocommander, pretendía Ernesto Peralta llevarnos hasta Pastejé.
(El avión de la foto pertenece a la Armada de México)



Así que eso era la causa de su enojo. Este hombre solo quería ufanarse de su poder y riqueza para apantallarnos con su magnificencia. Reconozco que en ese momento realmente creímos que estábamos perdiendo la oportunidad, pero el capitán habló para ponernos en tierra, en un tono entre conciliador y autoritario:

- No, Ernesto. No es necesario que te enojes así, los muchachos no lo merecen. Ellos no saben de estas cosas. Yo creo que debes aceptarles la petición de su visita y ya algún gerente de IUSA se hará cargo para atenderlos allá.

Ernesto Peralta se tranquilizó y se volvió a sentar. Ni por asomo pidió una disculpa pero nos habló en otro tono:

- Bien, muchachos, si quieren ir este sábado, vayan. Nosotros hablaremos a IUSA para que los atiendan allá. ¿Cuantos alumnos serían?

Dimos la información necesaria y entregamos los documentos que llevávamos. Nos despedimos presurosos de ambos y de la recepcionista al salir. Ella realmente se veía divertida con todo aquello, como si hubiera sido una escena de comedia.

Al sábado siguiente, en una caravana de tres autos, salimos del DF para llegar a Pastejé temprano por la mañana. En caseta avisamos de nuestra llegada y nos atendió un gerente de una de las empresas del parque industrial.

Visitamos todas las empresas, de las cuales podría mencionar muchas cosas, pero dado que habíamos ido por la fábrica de aviones le dedicamos muchas horas a su visita. El nombre de la compañía era Aeronautica Agricola Mexicana SA (AAMSA), que se había formado en 1971, para poder fabricar, bajo licencia de Rockwell International, el aeroplano agrícola (avión fumigador) A9B-M, apodado ‘Quail’ (Perdiz, como el ave). Algunas mejoras fueron introducidas para aumentar el desempeño en México.

Este es el AAMSA ‘Quail’, fabricado en Pastejé, Edo. de México, modificado a biplaza para entrenamiento de vuelo


Salvo el conjunto de alas, la estructura de la aeronave la formaban tubos de acero, que luego eran cubiertas de tela tratada con barnices especiales. Las alas eran rectangulares y rectas, estructura de aluminio y recubiertas del mismo material. La producción se realizaba avión por avión, en un mismo lugar, no había línea de producción. Una vez terminada la fabricación se realizaban las pruebas de aeronavegabilidad desde una aeropista adjunta a la planta. Se contaba con una escuela para pilotos, a los que llegaban los hijos de los campesinos del lugar. Era una forma de ofrecerles una profesión remunerada.

Las plantas de IUSA contrataban personas de los alrededores, la inmensa mayoría eran mujeres. Salvo los trabajos de forjado de la planta de tubo de cobre, las demás manufacturas contrataban casi solo mujeres.

El diseño original no era mexicano, pero las modificaciones realizadas fueron hechas por ingenieros y técnicos mexicanos. También eran manos 100% mexicanas las que lo fabricaban con esmero.

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Llevaba algunos años de aficionarme a la música electrónica, sobre todo la influenciada por la música clásica. Ya había comentado, en el Foro Antiguo de Paco, que yo era un fan más del músico japonés Isao Tomita. Para ese año de 1978 tenía ya en mi colección los álbumes de Snowflakes are Dancing (1974), Pictures at an Exhibition (1975), Firebird Suite (1975) y The Planets (1976).

Hacia finales de año logré adquirir el siguiente de la colección, Kosmos, en donde el músico agrupó diversas melodías con arreglos muy afortunados. Desde obras de John Williams ( “Star Wars” ), pasando por J. S. Bach ( “The Sea Named 'Solaris’ ”, basada en la Invención No. 2 en Do menor, BWV 788 y el "Ich Ruf'zu Dir, Herr Jesu Christ", BWV 639), Joaquín Rodrigo (“Concierto de Aranjuez”), Strauss / Wagner (“Zaratustra / Valkirias”), Dinicu-Heifetz (“Hora Staccato”), Arthur Honegger (“Pacific 231”), Charles Ives (“La Pregunta Sin Respuesta”) y Edvard Grieg (“La Canción de Solvejg”, de su suite “Peer Gynt”).

Me llama la atención que el disco haga referencia a las tres obras cinematográficas de ciencia-ficción que normaron al género durante una década: “2001: Odisea del Espacio” (Kubrick-Clarke, 1968), “Solaris” (Lem-Tarkovski, 1972) y “Star Wars” (Lucas, 1977). Las versiones electrónicas de Tomita de la música representativa de esas cintas son excelentes y juzgo que este álbum es una primicia en su tipo.

Sin embargo, para complacer a mi amiga Sirenna, que ya me había pedido alguna pieza de Grieg, pues aprovecho para complacer su deseo y deseando que a todos ustedes les agrade.







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Cinco años después de nuestra visita a IUSA, el 19 de agosto de 1983, estando yo trabajando en EATON, me enteré que Ernesto Peralta Quintero había muerto en un accidente aéreo el día anterior, en el helicóptero que lo transportaba del DF a Pastejé. Murieron todos, pasajeros y pilotos. Nunca supe si entre ellos estaba aquél capitán de la FAM, que había presenciado nuestra entrevista.

A la Academia de Beisbol en Pastejé le pusieron el nombre de “Ernesto Peralta Quintero”; los negocios fueron transferidos al otro hermano, Carlos, quien aún está al frente del Grupo IUSA.

El negocio del ‘Quail’ había decaído y en 1984 se cerró la producción. Se fabricaron tan solo unos 40 aviones.

Unos pocos ‘Quail’ aún navegan los cielos sobre los campos mexicanos.

1 comentario:

Pablo dijo...

Historias interesante con las que me identifico fácilmente, son de mi generación y a todos estos aviones les di seguimiento de alguna forma en mi juventud cuando estuve en el Poli.

¿Hay chance de que compartas mas fotografías del B-01 y del Quail? Es raro encontrar fotos a colores las cuales son muy importantes para ver detalles de la pintura.

Si se puede obtener más fotos aquí te dejo mi e-mail: pablo.pascual62@gmail.com

Saludos